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Published on Abril 12th, 2011 | by Visto en Forocoches

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Cuando sales de currar y encuentras a un tío robándote el coche…

A colación de un hilo en que un Shurmano contaba como un conocido se encontró a un rumano robando su coche, he decidido contaros la historia similar que viví en mis propias carnes. Han pasado ya varios años, cuatro, tal vez cinco. Era un viernes por la noche, en Oviedo, donde vivía por aquel entonces. Tenía un Mercedes 190 E, clásico donde los haya pero fácil de abrir y robar.

El caso es que aparqué mi coche en la calle paralela a mi trabajo (una pizzería), en una zona en la que teóricamente no se podía estacionar, era una especie de plaza a la que se accedía por una estrecha vía de un solo sentido que daba a un garaje.

Salí de trabajar y me dirigí hacia mi coche. A punto estuve de quedarme a tomar algo, pero la decisión de no hacerlo sería determinante, cosas del destino.

Cuando estaba llegando a mi coche, de repente observé que la luz interior estaba encendida y una sombra se movía por el interior. En la décima de segundo que tardé en darme cuenta de que estaban robando mi coche, me dio tiempo a pensar que, dado el mal estacionamiento que había realizado, la grúa podría habérselo llevado y lo que en ese instante estaba viendo era un vehículo del mismo modelo que el mio con su dueño en el interior.

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Me detuve a escasos metros y esa fracción de segundo terminó para concluir que efectivamente, me estaban robando el coche. Instintivamente cogí el teléfono móvil y simulé una conversación. Quise que quien estuviera en mi coche me oyera, pues dada la proximidad a la que me encontraba temí que su diera cuenta y temí también, las consecuencias que podría traer tal cosa. Así que marqué el 091 y mientras daba tono, a voz en grito, fingí la siguiente conversación:

– ¿Pero donde has aparcado el coche? ¡No lo veo! Joder si me dices que lo dejas detrás del curro y luego llego aquí y no está … (me di la vuelta y caminé hacia la pequeña calle que os comenté antes).

Entonces cogieron el teléfono:

– Policía Nacional.
– Hola buenas noches, mire, me están robando el coche en la calle (no la recuerdo, entre Javier Grossi y Gascona, para quien sea de Oviedo)
– Pero se lo han robado o aún está ahí.
– Está dentro, está ahora mismo dentro del coche.
– De acuerdo mandamos un coche para allá.

Mientras esperaba a la policía me situé en un punto en el que podía ver todos los ángulos de mi coche y todas las rutas de huida posibles, ya que aunque sólo había una opción para irse con el coche entero, si estaba robando cosas del interior (tenía muchas, aprendí una lección después de esto) había dos opciones para irse a pie.

No sé explicarlo bien, el caso es que desde donde me posicioné tenía control visual sobre la situación. En apenas cinco minutos vi acercarse a lo lejos un coche de la policía con los rotativos luciendo pero en silencio. Le seguían CUATRO coches más. Giraron y entraron en la calle al final de la cual estaba mi coche y yo eché a correr calle abajo con ellos. Al principio pensaron que yo era el atracador y uno de los coches se me cruzó, pero ya abajo, al lado de mi coche. Entonces:

– ¡Yo soy el que os ha llamado!
– ¿Sigue dentro del coche?
– Sí, sí, mírale, se está moviendo.
– Sí, (por la radio) está dentro del coche, está dentro todavía!

De repente vimos como la puerta trasera izquierda de mi coche, que estaba entreabierta, se cerraba, y la luz se apagaba. El ejército de policías que había acudido (tres más llegaron a pie por una de las rutas que mencionaba antes) rodearon mi coche y golpeando los cristales le gritaban que abriese la puerta. Uno de ellos estaba de pie, pistola en mano, apuntando hacia el interior. La escena “fue la hostia”. Otro, se había quedado conmigo, y estábamos detrás del coche patrulla observando.

Finalmente el tío abrió la puerta. Yo le pedí al policía que por favor, evitara que quien me estaba robando el coche me viese, pues quería evitar futuras represalias. Nos fuimos a fumar un cigarro mientras metían al tío en un coche.

Por fin llegué a mi coche, el tío tenía en bolsas mis gafas de sol, la radio, unas llaves del coche de mi padre, mis llaves de casa, varios CD’s, había destrozado la guantera, bla, bla bla. Había accedido rompiendo un pequeño cristal que hay en las ventanillas de atrás.

El caso es que cuando fui a poner la denuncia, me enteré de que esa misma noche, este mismo tipo, en esa misma calle, había desvalijado otros tres coches más. Le encontraron dos navajas, una de ellas de 15 cm. No tenía intención de llevarse el coche, sólo de mangar lo que hubiera dentro. Tuve una suerte tremenda. Era portugués y tenía 36 años.

El seguro pagó los desperfectos, ya que lo tenía a terceros con robo y lunas, y me dejaron la guantera y el panel donde va la radio como nuevos, cambiaron ambas cosas.

Por cierto: Brillante actuación policial, un 10.

RESUMEN: Salgo de trabajar me encuentro a un tío robándome el coche. Casi se cosca pero llamo a la policía y le detienen al estilo CSI Las Vegas.

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