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Published on Abril 27th, 2011 | by Visto en Forocoches

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25 años de Chernobil. Debate: nucleares SI o NO?

A la una y veinte de la madrugada del 26 de Abril de 1.986 el mundo sufrió el mayor accidente nuclear conocido hasta la fecha. En el 25 aniversario de la catástrofe, el debate sobre el uso de la energía nuclear está más activo que nunca.El Mundo publica un artículo con los argumentos que exponen los expertos a favor y en contra del uso de este tipo de energía. Tú qué opinas?

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Argumentos a favor…

Las centrales ofrecen electricidad de forma constante y con precios competitivos, garantizan el abastecimiento, frenan las emisiones contaminantes y reducen la dependencia del exterior. Estos son los argumentos de los defensores de las nucleares.

  • El argumento de la proliferación militar tiene una importancia real relativa, dado que el combustible de las centrales contiene una mezcla tan heterogénea que extraer plutonio 239 —el empleado en la fabricación de bombas— no sería viable. Además, están los controles internacionales, la OIEA y el resto de organismos reguladores como garantía. Sólo puede haber problemas si un país no quiere someterse a las inspecciones.
  • En España, la nuclear es la base de nuestra electricidad porque asegura el suministro al tener capacidad para producir durante más de 8.000 horas al año. Otras energías no pueden hacerlo, sobre todo las que dependen de factores medioambientales, como la eólica o la solar. No se puede basar una economía competitiva en una fuente de energía que no sea constante.
  • Es menos contaminante que otras como el carbón que también podrían asegurar el suministro. No emite gases de efecto invernadero y en España hemos firmado una serie de acuerdos y convenios que nos obligan a reducir las emisiones [con el Protocolo de Kioto nos comprometimos a no sobrepasar un aumento del 15% entre 1990 y 2010]. La tendencia, por tanto, debe ser a reducir el carbón y el gas como fuentes de energía.
  • Los riesgos del proceso nuclear están controlados. Obtener materiales como el carbón es, a priori, menos seguro.
  • Ayuda a reducir nuestra dependencia del exterior mucho más que el carbón y el petróleo. Es cierto que importamos el uranio enriquecido de Francia, pero la ley dice que nosotros debemos tener recursos para autoabastecernos durante al menos dos años, con lo que si hubiese un conflicto internacional que impidiese las importaciones, no tendríamos problemas. Eso no ocurre, por ejemplo, con el gas: un conflicto con Argelia podría dejarnos sin él. Sólo tenemos reservas de gas para 30 días y de petróleo, para 90.
  • Es la fuente de energía más barata que hay junto con la hidráulica. Y esto tiene un gran impacto en el precio final de los bienes que se fabrican con ella, con lo que hace más competitiva a nuestra economía. Si renunciásemos a ella, la luz sería más cara y el precio de los productos, también. Además, perderíamos posiciones en el mercado internacional respecto a países como Francia, que recurren en un 80% a la energía nuclear.
  • El problema de la seguridad es una percepción pública que obecede a cuestiones culturales —en Francia no la tienen—. Ocurre algo similar con los residuos radiactivos: la gente los considera muy peligrosos, cuando la realidad es que están controlados al gramo. El resto de energías expulsan sus residuos a la atmósfera; la nuclear es la única que los clasifica para proceder después a su adecuado almacenamiento. Uno de las alternativas más extendidas es el modelo geológico profundo, cuya clave está en que los expertos en geología indiquen los lugares adecuados. También puede reciclarse para extraer el plutonio y el uranio que queda —es rentable en países como Francia, Japón o Reino Unido—. La gestión de los residuos está asegurada y garantizada por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA).
  • En el mundo hay 440 reactores y llevaban muchos años sin dar un susto importante. La central de Fukushima debería haberse construido en una cota más elevada respecto al nivel del mar. Vandellós, por ejemplo, está a unos 21 metros para prevenir posibles tsunamis.
  • Mientras el organismo regulador correspondiente —en España, el Consejo de Seguridad Nuclear— asegure que una instalación cumple con todas las garantías de seguridad, puede continuar operando a pesar del límite establecido de 35/40 años.

… y en contra

Costes, seguridad, residuos y proliferación militar. Cuatro puntos débiles que pesan demasiado a juicio de sus detractores. Si se puede recurrir a otras —representa un 3% del consumo energético de la humanidad y un 33% en Europa—, ¿para qué asumir riesgos? Estos son sus argumentos.

  • Es una tecnología que sólo se entiende por razonamientos militares. La radiactividad se descubrió a finales del siglo XIX y el reactor se inventó para obtener plutonio y fabricar la bomba atómica. Todavía existe el riesgo de su uso militar, basta con ver el tira y afloja de Occidente con Irán. Además, el hecho de tener centrales nos hace vulnerables: en caso de guerra, serían el primer objetivo de un bombardeo y se produciría la catástrofe.
  • No es menos contaminante que otras fuentes de energía. Considerando todo el ciclo natural, desde la minería —hace falta una labor inmensa para obtener pequeñas cantidades de uranio— al enriquecimiento y la combustión de las barras —hay que enriquecer los isótopos 238 y 235 de un 3% a un 5% para que den calor— se desprende mucho CO2.
  • Existe un factor contaminante aún más grave que el anterior, ya que cuando se desintegra el uranio, se están generando millones de agentes radiactivos. Son los famosos residuos que nadie ha encontrado dónde almacenar y que generan un gran riesgo medioambiental. 50 años después de que la primera central (destinada a la generar energía) se pusiera en marcha, ningún país ha decidido cómo se van a tratar unos residuos que no desaparecerán en miles e incluso millones de años.
  • Toda generación de radiación incrementa los niveles en el planeta, provocando riesgos para la salud probados científicamente. Hace medio siglo se constató que induce al cáncer y en los años 80 y 90 se comprobó además que, incluso en pequeñas dosis, puede provocar problemas de inmunidad, cognitivos u hormonales. Los más comunes son cánceres de sangre, tiroides y enfermedades del hígado… Ahora nos estamos enfrentando a efectos potenciales que acabarán desarrollándose a largo plazo.
  • Las centrales nucleares pueden fallar y, si lo hacen, se convierten en una bomba de relojería que el ser humano es incapaz de controlar. Basta con ver el largo historial de accidentes en la industria civil y militar. Pero no hacen falta para que sea un riesgo para la humanidad: con su funcionamiento normal las centrales pierden radiactividad, que se difunde en el medio y recorre kilómetros de distancia.
  • Se está intentando alargar la vida útil de las centrales sólo por intereses económicos —en un principio se estableció que debía ser de 35/40 años—. Eso es muy peligroso porque la radiación altera los materiales y los degrada. Desde el punto de vista tecnológico, es un disparate. Si se está haciendo, es porque los gobiernos se endeudaron con su construcción y, ahora que el gasto está amortizado y todo son ganancias, quieren rentabilizarlo. Para que volvieran a ser seguras habría que desmontarlas para revisarlas y eso sería como hacer una nueva, con el consiguiente gasto.
  • Sólo se pueden instalar centrales en zonas muy concretas: nunca en áreas sísmicas —lo de Fukushima fue un grave error— ni sin grandes caudales de agua para refrigerarlas. En España tenemos siete y sólo se podrían crear dos más en la zona del Duero.
  • El uranio es carísimo y limitado porque hay muy poca minería. Además, en España no se enriquece, sólo lo hacen algunos países como Francia, EEUU, Rusia o China, así que nuestro abastecimiento está en manos de terceros. Tenemos alternativas mejores, como las energías renovables, que dejarían de ser tan caras si se apostara por ellas y se aumentase la producción.
  • Ningún reactor en funcionamiento ha sido construido por un operador privado. En todos, el estado ha respondido de la inversión y, por lo tanto, en un mercado liberalizado, la energía nuclear no tiene lugar. En 2005, George W. Bush puso en marcha un programa que avala el 80% de las inversiones nucleares y ninguna empresa privada se ha arriesgado ni siquiera con el 20% restante.
  • Los ciudadanos tenemos que pagar el coste de la gestión de los residuos y el seguro de accidentes de las centrales [mediante un recargo en la tarifa eléctrica, aunque no sea de origen nuclear, que subvenciona las centrales] y, sin embargo, la electricidad nos llega al mismo precio que la que se genera de otros modos.

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