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Published on Julio 13th, 2011 | by Visto en Forocoches

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La historia de mi RJ: Mi moto

30-60: La Historia de Mi RJ

ADVERTENCIA: RELATO INVENTADO, CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA

1. Veranito

Estábamos a finales de junio de 2002 cuando por fin terminaron las clases, tenía entonces 15 años y esto significaba sólo dos cosas; 2 meses con la única obligación de comerme el mundo, es decir, todas las chavalitas que se pusieran a tiro, y que ya podía comprarme la moto.

Tenía ahorradas unas 200.000 pesetas, que traducidas a euros se quedan en 1.200. Busqué de segunda mano algo que me convenciera y encontré una Rieju RJ que me entraba en el presupuesto y tenía buen aspecto. Se veía nuevecita, llevaba un cilindro de 74cc Airsal, un 24” mikuni y un tubo metrakit.

Lo primero que hice en cuanto la compré fue ir a mi mejor amigo, el Rafeta, conforme escucho el ruido de mi trucaje salió corriendo de casa:

– Ye Javi, vaya pepino “tas echao” – Me saludó y le explique lo que llevaba.
– Sube que vamos a dar un “voltio”
– Vamos a ser los más chulos de toa Villarreal

Empezó de puta madre el verano, gracias a la motico íbamos a los pueblos cercanos y empezamos a conocer gente, nos juntábamos con muchos chavales y nos tirábamos las tardes hablando de motos y fumando canutos (yo le pegaba alguna calaica de vez en cuando). Sabíamos en cada sitio donde se ponían nuestros conocidos, a los que tenía más confianza les di mi fijo que entonces los móviles eran para empresarios.

– Javi
– ¿Quién es?
– Soy el Joni, escucha, ¿nos puedes traer 30 pavos?
– Claro tío, ¿Te los llevo al parque a las 5?
– Allí nos vemos

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2. El caldo

No paraba de moverme de arriba para abajo y al final la moto gastaba lo suyo, últimamente hacía muchísimos recados, quedaba con unos y otros en el parque, en la plaza, incluso venían a mi casa… En esas que termino de desayunar y suena el timbre.

– ¡Va despierta bella durmiente!
– Ya estoy despierto Rafa
– Pues vámonos que llegaremos tarde

Arranqué la motillo y nos fuimos chanelando pal puerto, era un viaje importante, íbamos a pillar 4 placas; 2 ya las teníamos vendidas, las otras 2 al ritmo que llevábamos en un par de semanas estarían en los pulmones de unos cuantos chavales.
El gitano se portó y nos regaló una bolsa con 6 o 7 pastillas y nos fuimos tan contentos pal pueblo a hacer los recados y con una cosa nueva para vender aunque no supiéramos muy bien a quién.

3. Julio

Llegamos a Julio y nos iban las cosas que ni pintás, en las verbenas nos conocía tó dios, nosotros conocíamos a lo mejorcito de cada casa y la gente nos tenía respeto. Me encantaba vender (chocolate) porque todo el mundo me buscaba, me sentía importante además me llevaba mi beneficio, pero solo por las experiencias y el mafiosete en el que me estaba convirtiendo creo que ya merecía la pena.

Solo faltaba un par de jamelgas pal Rafeta y pa mí. Debo decir que el Rafeta sí, pero yo todavía no me había liado con ninguna y era algo de lo que me avergonzaba, incluso me inventé una novia ficticia antes de aquel verano no sé muy bien por qué.

Tuvimos alguna que otra movida; nos intentaron pegar el palo un par de veces, por suerte plantamos cara y quedamos bien, cada vez éramos más populares, pero no se pueden tener mil amigos sin hacer enemigos.

Una noche de fiesta me encontré mi moto tirada y me cagué en todo, sospechaba del Turco, un chaval que desde siempre me había tenido ganas sin saber yo muy bien por qué. Me pegó un bajón al verla, después de levantar la moto tiramos pa casa pero nos encontramos a unos chavales mayores que alguna vez me pillaban petas, nos pararon pa ver si nos fumábamos uno, nos sacaron bebida y les invitamos a caimanes.

– ¿Qué hacéis yendo pa casa a estas horas?
– No tenemos mucha gana de fiesta
– Va no digáis tonterías, deja la moto que nos vamos de fiesta

Les hicimos caso y nos fuimos con ellos al pirámide en el megane del Vicente, me lo pasé de lujo, me fumé un cacharro y con un par de cubatas iba de risas, entonces el Vicente se acercó:

– ¿Me acompañáis al coche?
– Sí, claro Vicente – y entramos al auto
– Dejadme un DNI
– Toma tío
– Pásame el CD ese de ahí bajo
– Aquí tienes
– Pinto 3 ¿no?
– Venga

Y probé la farli por primera vez, me encantó, pensaba que iba a rascar pero no, entraba de que te cagas, me puse un poco agresivo, y después me sentí un poco mal de todos modos no pensaba volver a hacerme pero se me ocurrió una idea.

4. Los piques

A mi padre no le gustaban los coches ni las motos, el muy ingenuo pensaba que la moto me costó 50.000 pesetas y para nada sospechaba de mis “negocios”. Poco a poco fui cogiendo soltura con la rieju y aprendí a hacer caballitos, círculos, invertidos, trazar curvitas…

Con esto de tener moto me juntaba menos con la peña del parque (donde fumábamos petas y escuchábamos a los “mayores” contar sus aventuras) y más con otros chavales que también llevaban sus motos y de a menudo coincidíamos todos en el parque y otros sitios. Se puso muy de moda irse al polígono a echársela y ahí nos juntábamos muchas tardes con un montón de peña que venía de fuera.

Era todo un evento social, los mayores que llevaban coche ponían musiquita y la gente sacaba botellas, había pivitas, drogas, motos, buen rollo y como no, peleas y movidas.

Me vino un chaval con una tzr nueva con un tun y me pregunto si me la echaba en aceleración, le dije que sí por supuesto. Era mi primer pique y me puse algo nervioso, había visto muchos desde fuera pero nunca había sido yo el prota.
Nos colocamos al lado para hacer la salida y contemplé un montón de gente expectante de pie, otros sentados en la acera fumando porretes, mayores por ahí que se iban acercando dejando de lado los coches y a la que me di cuenta habría más de 50 personas mirándome.

La salida la iba a dar una chica guapísima que se llamaba Sonia, la conocía de vista del polígono, para ser sinceros, de mucha vista, recuerdo que era de Betxí, de mi quinta, le encantaban las motos, no tenía pero muchas veces llevaba alguna escúter trucá de los macarras de su pueblo, era morena con los ojos verdes, delgadita y muy desarrollada para su edad. La tenía más que fichada aunque ella ni siquiera sabía mi nombre.

Me preguntó si estaba listo y me puse rojo, por aquel entonces no estaba de moda llevar casco ni cinturón, aunque se empezaba a multar tímidamente. Revolucione la moto a unas 10.000 rpm para hacer la salida a tope, y jugué todo lo bien que pude con el embrague para salir lo mejor posible aunque por el final terminé de soltarlo de golpe y se levantó cuatro palmos.

Por ese pequeño fallo me pasó el de la tzr, con todo íbamos parejos y yo le retorcí todo lo que pude la oreja a mi RJ, cambiaba a ojo, mi moto no llevaba marcador pero tenía bastante más huevos que la tzr esa, al meter 3ª me puse a su lado, me la acabé enseguida y con la cuarta me fui, 5ª y 6ª cada vez más lejos del chaval hasta que la moto ya no cogía más, pero para entonces ya estaba en la línea de meta.

Había sido muy fácil, me di cuenta que mi moto tenía una fuerza tremenda al llevar los desarrollos cortos y el trucaje y para estos piques que la mayoría eran en recta iría de lujo.

Al volver se me acercó un “puñao” de peña y me felicitaron, estaba Sonia y me dijo que había estado fino. Se acercó un gitanillo con una vespino y me dijo que me la echase pero le dije que otro día, no quería quemar la motillo.
Empezó a vacilarme y a decirme que no tenía huevos, que era un cagao y un mierda, todo delante de Sonia y mis amigos, así que tuvimos nuevo pique. Esa vespino no sé qué coño llevaba pero sonaba como un avión.

Nos pusimos otra vez en la salida, solo que ahora había un huevo de gitanos mirando, al parecer eran de Almazora y la estaban liando un poquillo, mareando a la peña y demás. Otra vez se puso Sonia para dar la salida, se me acerco y me dijo “mucha suerte campeón” y me sonrió.

Salí con el acelerador a fondo dejándome medio embrague en el acto, pero hice una salida de la hostia, le saque 3 motos en los primeros 15 metros, cuando metí 3ª me empezó a coger, estiré todas las marchas hasta que la moto no daba más de sí, creo que le saqué todo el jugo posible, cambiándole justo antes de que empezará a perder potencia, pero no era suficiente, cada vez que giraba la cabeza, veía la vespino más cerca y escuchaba su ruido infernal.

Iba en 5ª al máximo y ya lo tenía a mi lado, me había agachado todo lo posible para mejorar la aerodinámica y el vespino estaba a mi lado a punto de pasarme, había estirado demasiado la 5ª y la moto no subía, metí 6ª y nos pusimos paralelos a la misma velocidad durante unos cuantos metros, el gitano también se agachaba, quedaba muy poco para la meta, entonces el gitano aceleró un poco más (por lo visto no iba a tope) y despegó llegando primero a la meta.

Empezó a partirse de risa y no paraba de preguntar a la gente “¿Quién se la echa?” y se acercaba a los que tenían más cara de tontos y les decía:

– ¿Tú? Venga tonto, ¿te la echas?
– No
– ¿Pos déjame la moto no?
– No…
– Venga primo

Y la cosa se iba poniendo fina, le eché la mano y le felicité por el pepino y el pique y nos piramos antes de que nos marease porque la cosa se estaba poniendo muy fea con tanto gitano. Al día siguiente nos enteramos que había 2 chavales que se habían quedado sin moto.

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