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Published on Septiembre 22nd, 2011 | by Visto en Forocoches

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Jokin Ceberio, reflexiones sobre el Bullying cuatro años después.

Hace ya cuatro años. Amanecía en Hondarribia el último día de verano. A esas horas empezaban a despertarse los primeros trabajadores prestos a lo que iba a ser un día de trabajo, un día más.

Llevaba ya tiempo meditando la decisión, quizá unos días. Era consciente de lo que aquello significaba, sabía que podía causar dolor a los que le querían pero él tenía su cuerpo magullado y el alma mortalmente herida por aquellos que lo odiaban.
La noche anterior le había dicho a su mejor amiga “mi reina, yo ya no pinto nada aquí” y puso en Internet el siguiente lema “libre, oh libre seré aunque paren mis pies”.

Todo comenzó un año antes, en los primeros días de curso. El claustro de profesores del instituto Talaia de Hondarribia había tomado la decisión de que durante el horario lectivo los baños estuvieran cerrados con llave puesto que durante el año anterior habían sido pillados en ellos varios alumnos fumando.

Jokin pidió permiso a la profesora para ir al baño, se encontraba con dolor de vientre y no podía esperar a ir a casa. Salió de la clase y se dirigió al primer cuarto de baño que vio, la puerta estaba cerrada. Fue a otro, después a otro. Su desesperación fue en aumento según iba viendo que todas las puertas estaban cerradas y barruntaba lo que iba a suceder. Además, no pudo conseguir que le dejasen las llaves de alguno, la ley es la ley, le dijeron.

No pudo evitarlo, notó un olor fétido y se palpó los pantalones. Se había hecho de vientre encima. La diarrea le había vencido.

Lo peor llegó cuando le vieron los compañeros de clase. Se comenzaron a reír de él haciendo alusión a su situación. Aquel día Jokin se fue llorando a casa, pero pensaba que al día siguiente todo volvería a la normalidad, creía en la bondad del ser humano y que todo quedaría olvidado.

Sin embargo, nada volvió a ser lo mismo. Varios de sus compañeros de clase (y de cuadrilla de amigos) comenzaron a burlarse de él a lo largo de aquel año, a darle las primeras collejas, insultarle y hacerle el vacío en los recreos.

Llegó el verano y Jokin se fue a unos campamentos. También fueron sus compañeros de cuadrilla. Un día fumaron porros (pongo la mano en el fuego por que Jokin lo hizo obligado, recuerdo cuando a mi me chantajeaban diciendo que si no hacía tal cosa, mala, me pegarían). El monitor les pilló y llevó a cabo su obligación: avisar a los padres. Envió varias cartas a los padres para informarles. Todos los crios, menos Jokin, interceptaron las misivas y las escondieron.

Unos días después, la madre de uno de esos chicos recriminó a la mamá de Jokin que su hijo “hubiera roto la armonía del grupo de amigos por no esconder la carta” (atención, esta es una de las claves de por qué existe el Bullying, la irresponsabilidad de los padres).

Durante todo el verano Jokin había sufrido algún intento de agresión y constantes insultos cuando iba por la calle. En una fecha maldita desde lo ocurrido en Nueva York, el 11 de septiembre, finalizaron las fiestas patronales en Hondarribia, con el tradicional Alarde (Jokin formaba parte de una compañía musical, en su última foto aparece vestido con el traje tradicional tocando un instrumento musical).

En aquellos días, la situación se agravó. Sus compañeros de cuadrilla, con la colaboración de otros jóvenes, le sometieron a brutales palizas (en la foto, situada al principio de este artículo, se aprecian los moratones) además de reiteradas agresiones psicológicas que provocaron un daño terrible en un muchacho tan sensible como era Jokin.

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 La semana siguiente fue crucial en los acontecimientos. Durante el primer día de clase, el día 14 de septiembre, le sometieron a una brutal paliza consistente en collejones y bofetadas. Al día siguiente no se les ocurrió otra idea que coser a balonazos al pobre chaval (en esta criminal agresión participaron chavales de todo el instituto). En el día de la exaltación de la Santa Cruz, Jokin asumió el papel que Cristo tuvo durante el camino al Calvario. Yo creo que aquel día Jesús sufrió con él y por los pecados de quienes conducirían a la muerte a Jokin.

Pero quizá el día más humillante fue el 15 de septiembre. Ese día se conmemoraba el aniversario de la “cagada” de Jokin. Como dice un articulista, y perdonad la expresión, hay que ser muy hijo de puta para hacer lo que aquellos chavales hicieron ese día. No tienen perdón de Dios.

No se les ocurrió otra cosa que llenar toda la clase de papel higiénico y cuando Jokin entró al aula le tiraron rollos de papel higiénico (como hacen los hinchas en el fútbol) ante la risa general de todos los alumnos. Pero el punto de la humillación llegó cuando la profesora obligó a Jokin a recoger todo el papel higiénico. Esto supuso una victoria para los acosadores y posiblemente influyó en la decisión que tomó el sobrino de Miguel Ángel Ceberio (director de El País).

Imaginaos la situación. Jokin muerto de vergüenza (y de miedo, por qué no decirlo) recogiendo el papel higiénico, llorando interiormente y posiblemente con los primeros pensamientos sobre lo que iba a hacer.

Esto ocurrió un miércoles. El jueves y el viernes no volvió a clase. En casa tampoco estuvo. Probablemente se fue a recorrer con su bicicleta el bonito pueblo de Hondarribia y, quien sabe, a inspeccionar la muralla. Quizá buscó algún lugar donde no le pudieran encontrar cuando todo hubiera acabado. Ante todo quería evitar el sufrimiento a los suyos, por eso no dijo hasta el critico momento lo que le ocurría, pensaba que de otra manera su familia iba a sufrir más.

Como es normal que ocurra, los profesores de Jokin llamaron a su casa para dar la noticia de que el chico no había aparecido por clase. Sus padres, preocupados, le preguntaron el motivo de la ausencia y él contó lo que le ocurría. Entonces le instaron a denunciar a sus agresores, algo a lo que respondió de una forma clara (y perdonadme que cite textualmente por la crudeza de las palabras): ¿Qué queréis, que me maten a hostias?

Tanto los padres como el propio instituto le permitieron ausentarse el lunes 20 de clase. Iban a hablar ese día con la otra parte, con los agresores y sus padres. Algo que me impacta es que durante esos días le dijeron “el martes llévate el móvil, por si tienes problemas”. Yo me pregunto ¿no hubiera sido mejor la expulsión de los alumnos agresores? Cualquier cosa que no fuera tomar esta decisión era enviar a Jokin temblando como un corderito ante la jauría de lobos que le esperaban lamiéndose las fauces.

Aquella tarde fue cuando tuvo la conversación con su amiga y la dio a entender lo que iba a ocurrir. Surge una pregunta ¿por qué esta chica no llamó a nadie? ¿No avisó a nadie de lo que podría ocurrir? Seguramente no creía que nuestro chico fuera capaz de llevar a cabo sus planes. Aunque a primera vista un acto de este tipo puede resultar propio de cobardes, hay que reconocer que también se necesitan tener un par de bemoles para llevarlo a cabo.

Libre, oh libre seré cuando paren mis pies. Eso escribió Jokin aquella noche. Probablemente no durmió, seguramente estuvo meditando sobre su decisión pues sabia del gran disgusto que iba a causar a sus seres queridos. Pero había sufrido demasiado, él era solo un niño ¿Qué había hecho para merecer tanto sufrimiento? ¿Por qué sus, antaño, amigos eran tan crueles con él?

Llegó la hora. Eran las 6 de la mañana. Salió de su habitación con gran disimulo y fue al lugar donde guardaba la bicicleta. Salió a la calle y recorrió las calles hasta llegar a la gran muralla. Miro hacia arriba y después se dirigió a la zona más alta de la muralla. Empezó a correr y saltó.

Libre, oh libre seré cuando paren mis pies. Había dejado escrito este mensaje pocas horas antes. Quizá nadie pudo captarlo, es posible que nadie (de darse cuenta de lo que quería hacer) le viera capaz de querer suicidarse. Puede ser que quienes sabían de su sufrimiento creyeran que iba a buscar ayuda.

Pero Jokin había aguantado mucho. Nadie en su instituto supo (o quiso) ayudarlo. Los profesores (como se supo en el juicio) hicieron la vista gorda ante las constantes agresiones, le humillaron públicamente (como aquella que le obligó a recoger el papel higiénico), sus compañeros de clase o se metían con él o no se atrevían a defenderlo (recuerdo un post en un foro que alguien decía ser amigo suyo, decía que trataban de ayudarlo, esto se sabe por declaraciones de testigos que era mentira). En estas ocasiones es cuando se nota quien de verdad es tu amigo, y a Jokin le habían fallado todos los que el consideraba que eran sus amigos. Unos por que le agredían, los otros por cobardes (¿os acordáis de la película que comenté hace unos meses?

Es cierto que podía haber recurrido antes a su familia, pero el miedo a las represalias le paralizaba. Por otra parte, lo que más temía era hacer daño a su familia, lo digo por experiencia propia. Yo nunca les dije nada a mis padres cuando sufrí bullying, sabía que si se lo decía iban a sufrir y quería ahorrarles ese sufrimiento.

Se dice que los suicidas no van al cielo por que, en cierto modo, renuncian a sentirse amados por Dios y no confían en Él. Pero yo estoy convencido de que este no es el caso de Jokin.

Era solo un niño, tenía tan solo catorce años. Desde pequeño había estado acostumbrado a los mimos de sus padres, de su hermano y del resto de la familia. Era un chico sensible, con un gran corazón. Buen amigo de sus amigos y cariñoso.
Esto también lo digo por experiencia propia, cuando estas acostumbrado a recibir cariño y de pronto te encuentras con el maltrato psicológico y físico sufres probablemente uno de los traumas mas grandes que pueda vivir una persona. Y encima siendo solo un niño.

Sí, yo confío en la infinita Misericordia de nuestro Señor Jesucristo. Creo que Él bajó hasta la muralla de Hondarribia, recogió el alma del pequeño y se la llevó al Cielo. Estoy seguro de que hasta Él, Omnipotente y Grandioso, se conmovió con el fatal desenlace de la vida de Jokin.

El resto del día pasó con unos padres que buscaban a su hijo. A las 19 horas alguien les llamó diciendo que habían encontrado su cadáver a los pies de la muralla. La hora del fallecimiento fue a las 7 de la madrugada, probablemente poco después de que Jokin saltara por la muralla.

Lo demás ya lo sabemos. Aquella noche todos los informativos abrieron con la noticia de que un chico se había suicidado victima del acoso escolar. Unos días después una multitudinaria manifestación recorrió las calles de Hondarribia (unas 15.000 personas en un pueblo de 20.000 habitantes).

El estupor creció cuando salió a la luz publica que era sobrino del por entonces director del diario “El País”, Miguel Ángel Ceberio

Pero la persecución a Jokin no terminó ahí. Una tradición vasca que me gusta bastante es la de los Dantzaris, bailarines que danzan en honor a alguien, por ejemplo los novios recién casados. Bueno, pues la chica que danzó ante el cuerpo, aún caliente, de Jokin fue amenazada de muerte. Al igual que otros alumnos del instituto que, ahora si, abandonaban la cobardía y denunciaban lo ocurrido.

Ahora, un detalle preocupante es que 3 de los 8 chicos que acosaron y maltrataron a Jokin hasta la muerte son hijos de profesores de ese mismo instituto. ¿Qué clase de educación puede dar a unos niños alguien que no es capaz de educar a sus propios hijos? Además, era sabido en todo el instituto lo que estaba padeciendo Jokin ¿por qué aquellos padres-profesores no hicieron nada? Seguramente por que ¿Cómo iban a admitir que sus propios hijo eran “una banda de mafiosos”? (como admitió el profesor del instituto) En fin, que Dios les perdone por la venda que se pusieron durante aquel año en los ojos, por que yo no me creo que no supieran nada (perdonadme la dureza con que me expreso, pero noto aún rabia al pensar en lo que ocurrió por entonces, y eso que no llegué a conocer a Jokin).

Como dijo un periodista de La Vanguardia: ¿Cómo iba a ir a clase el martes con un móvil y pidiendo perdón por ser inocente? Por otra parte, como dijeron sus padres, Jokin no se suicidó, le suicidaron. Esos 8 chavales son culpables de incitación al suicidio, por tanto de homicidio.

Ahora llega la reflexión. Una de las cosas que mas rabia me han dado siempre ha sido la típica frase de: “pero si esto del bullying ha existido siempre, son cosas de niños”. Es una de las cosas que mas me enervan, yo lo sufrí y desde luego que aquello era cualquier cosa menos un juego de niños.

Un juego de niños puede ser que varios crios estén dándole al balón tratando de meter un gol o jugando con las canicas. Pero desde luego lo que no es ningún juego de niños es que un grupo de chicos llamen subnormal a otro por padecer sordera o cagón por “haberse hecho caquita”. Tampoco es un juego de niños lo ocurrido este verano en un pueblo madrileño donde una chica pegaba una brutal paliza a otra mientras una muchacha que grababa la situación decía “mátala, mátala”. No, no es ningún juego de niños que por estar gordo se metan contigo o que por ser tartamudo te llamen tonto. Tampoco es un juego de niños que nadie quiera jugar contigo por que si no les van a acusar de “enchufados”.

Que nadie me venga con hipocresías, por favor. Un año después de la muerte de Jokin se suicidó en Alicante una joven de 16 años que también padecía acoso escolar. ¿Estas muertes son fruto de un “juego de niños”? por favor, a ver si entre todos logramos que esta frase (y estos actos delictivos) desaparezcan de nuestra sociedad.

Parece que desde lo ocurrido con Jokin la sociedad ha avanzado en este aspecto. Hoy hay tolerancia cero con el bullying, se persigue al agresor, se le denuncia y el espíritu de Jokin está muy vivo en los chavales que sufren lo que él vivió. Está tan vivo que los ayuda para mantenerse con vida e incluso para denunciar.

Pero aún falta mucho para lograr que todo cambie. El problema no está solo en los niños. El problema está en la sociedad, y mientras en este país se siga discriminando por raza, lengua, nacionalidad, religión, genero u otros motivos, seguirá habiendo Jokins muertos de miedo en las aulas. Por que los niños son como esponjas, copian el comportamiento de sus mayores.

Por cierto, se suele decir que el perfil del acosado es un chico tímido, reservado y que saca malas notas. Jokin era extrovertido, alegre y tenía un buen expediente académico. Por lo cual, cualquiera puede padecer bullying, no solo los “marginados” de la sociedad.

Yo recuerdo a mis acosadores. Uno era hijo de un maltratador y tenia dos hijos nazis (cuando digo nazis digo metidos de lleno en ese mundillo, además ese chaval leía con diez años el mein kampf, el libro de Adolf Hitler), otro era hijo de dos toxicómanos y con 12 años iba a clase con una camiseta en la que salía una chica en bolas (no creo que eso sea normal nunca ¿Qué clase de padre puede ser tan degenerado de permitir algo así?), los demás… la verdad no lo recuerdo, pero poca educación les dieron sus padres, eso seguro.

Pero no quiero estropear lo que deseo sea un homenaje a Jokin. Por eso voy a terminar este articulo incluyendo una reflexión sobre la frase que escribió en su ordenador y después con una dedicatoria que deseo le llegue allá donde se encuentre, yo creo que en el Cielo.

Titulo: Ojo de pez
“Quiero romper el círculo del pez
que me hace volver cada noche una y otra vez al mismo valle de rosas que yo sequé”
Puede querer decir, Quiero libertad,
que no me permite el círculo de acosadores
y marchitan poco a poco mi vida.
“Quiero cerrar el círculo polar,
arañar los acantilados de los que huye el mar,
gritar al mar, gritar.”
Puede querer decir, quiero cerrar
el círculo de mis acosadores fríos, inhumanos,
y aferrarme fuertemente a la vida
que huye del tenebroso mar,
y poder gritar, libertad por fin libre.
“No quiero sus llaves,
yo quiero mi corazón,
sube y no bajes en el tren,
libre y ahorcado en el tren”.
Me atrevo una vez más a descifrar
lo que considero que pueda significar.
No quiero sus modos, sus formas de ser,
dueños de los sentimientos de los demás,
verdugos de los demás,
“Yo solo quiero mi corazón,
mi vida, sube al tren de la libertad,
de la comprensión,
no bajes de este tren.”

¿Qué puede saber usted que música le podía gustar a Jokin, cuando nunca supo según usted, que lo estaban acosando, que era un niño infeliz en su instituto…? (nota, esto forma parte de una carta enviada como contestación a alguien que criticó a Jokin)

Si, la canción se despide con, libre, libre mis ojos seguirán aunque paren mis pies… Jokin plasmó en su ordenador y tecleó lo que sentía y ansiaba en ese momento. Nadie dijo que eran sus palabras. A mí personalmente no me impactan las palabras, me impactó que una criatura de solo 14 años, pudiese sentir así… (Finaliza la trascripción.

En fin, creo que poco más se puede comentar. Desde aquí quiero mandar mí mas fuerte abrazo a la familia de Jokin y mostrarles mi más sincero respeto y mi compresión. Conozco el sufrimiento que su niño padeció y la verdad es que me identifico bastante con él.

Quiero mandar un mensaje de esperanza también, como he dicho antes, estoy convencido de que el Xebe (como le llamabais cariñosamente) está en el Cielo. Probablemente os hayáis podido preguntar ¿Dónde estaba Dios cuando le agredían? La respuesta es sencilla, estaba con él, sufriendo con él, consolándole.

Es algo difícil de comprender, pero Dios nos dio libertad para elegir entre el bien y el mal. Aquellos 8 desalmados que condujeron al precipicio a Jokin eligieron el mal.
Pero Dios en su Infinita Misericordia está siempre al lado de los débiles. Es un gran misterio, si, pero estad seguros de que Jesús sufrió con él cuando le daban balonazos (recordando aquellos latigazos que le dieron los soldados romanos), cuando le humillaron haciéndole recoger el papel higiénico (reviviendo aquellos momentos en que el Sanedrín se burlaba de su condición de Hijo de Dios en el Calvario)…

Sí, estoy convencido de que Jokin ha alcanzado esa libertad que buscaba. Y ahora cuida de vosotros desde allá arriba, al igual que de todos los chavales que sufren (y por desgracia sufrirán) bullying.

Y ahora dedicaré unas palabras a Jokin.
Recuerdo aquel 21 de septiembre de 2004 como si fuera ayer. Puse la televisión para poner las noticias y de pronto dije “JODER” (perdona que lo escriba, pero es como reaccioné) “se ha suicidado un chaval”. Empecé a escuchar tu historia y recordaba la mía.

Como ya sabes, yo padecí Bullying. Mi delito no era otro que el de ser el hijo del director y encima tener problemas de audición (llevo aparatos de oídos). En cuarto de EGB empezaron a llamarme subnormal, retrasado, a pegarme collejas, tirarme tizas, hacerme daño pegándome patadas cuando jugábamos al fútbol, escribir insultos hacia mi en las paredes del baño… y posteriormente el vacío. Me quedé totalmente solo, sin amigos.
Tuve la gran suerte de que una buena chica acudió a mi rescate y empecé a ir con su grupo de amigos. Ellos me salvaron la vida.

Mi acoso escolar duró hasta 2 de BUP, cuando tenía 16 años. Recuerdo que un día reaccioné con enorme violencia hacia uno de mis acosadores tras una de sus enésimas collejas y en cierto modo me empecé a ganar el respeto de la gente. No obstante, hasta COU, con 18 años, siguieron con alguna broma como por ejemplo decir que yo era homosexual y le gustaba a otro chico. Todo injurias.

Creo, querido Jokin, que en el fondo aunque nosotros seamos quienes sufrimos el bullying, también son victimas son quienes lo provocan. No son más que hijos de sus padres y de la propia sociedad, en el más literal de los sentidos.

Son chavales que no han recibido ninguna educación, acostumbrados a hacer lo que les da la gana en casa y eso lo llevan también al colegio. Pobres niñatos consentidos que se creen mas gallitos que nadie por X (poned cualquier motivo pueril como por ejemplo ser morenos y que un chico sea pelirrojo) y por eso se ceban con el indefenso. Son victimas también de una sociedad que promueve la violencia y el odio hacia los demás, la discriminación. Victimas de una sociedad enferma que no es capaz de tolerar al diferente.

Evidentemente no pretendo exculpar a quienes provocan el bullying, si no poner los puntos sobre las ies. Espero que la sociedad se siga concienciando de que lo que nos ocurrió a nosotros, y hoy ocurre a otros muchos niños, no es ningún juego. Espero que cada vez haya más tolerancia cero contra ese tipo de actos criminales.
Se le llena mucho la boca a la gente diciendo que esta es una sociedad avanzada. Pero una sociedad en la que hay gente que vive con el miedo a que alguien le agreda (sea una mujer o un niño las victimas) no es una sociedad avanzada, si no cavernícola.

Jokin, yo creo que he captado el mensaje que quisiste darnos aquel día. No solo caminaste hacia la libertad si no que diste una llamada de alarma para concienciar a la sociedad. Recuerdo que Cristo dijo “no hay mayor amor que dar la vida por los amigos”. De forma involuntaria, tú diste la vida por tus amigos, es probable que con tu muerte se hayan evitado muchos maltratos y la sociedad se haya empezado a concienciar de todo esto.

Yo te prometo una cosa Jokin. Como sabes, el lunes empiezo mi carrera hacia el sacerdocio, pues entro al seminario. Si Dios quiere seré cura.
Bueno, pues te prometo que ya desde seminarista, pero sobre todo desde mi posición de sacerdote (y quien sabe si no también desde otros ámbitos como pueda ser la propia enseñanza y los medios de comunicación) lucharé por que el bullying desaparezca de nuestra sociedad. Creo que tú me lo pides y yo lucharé por llevar a cabo ese objetivo.

Descansa en paz pequeño Jokin y desde allá arriba cuida de tu familia y de aquellos que con nuestro recuerdo hacemos que sigas viviendo. Por qué nadie muere mientras haya alguien que les recuerda.

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