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Published on Septiembre 23rd, 2011 | by Visto en Forocoches

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OKTOBERFEST, la fiesta más clásica de Munich y Alemania.

Dedicado a Fran, Celia, Isa, Alicia, María, Pilar y Álvaro, 
sin ellos esta entrada no tendría tanto sentido.

Siete millones de litros de cerveza, otros tantos de visitantes, 500.000 pollos asados, 150.000 salchichas… Son las colosales cifras que baraja el Oktobertfest, la fiesta popular en honor al líquido elemento asociada irremediablemente a Múnich desde 1810 y que este año se extiende hasta el 3 de octubre. Nos colamos en sus entrañas y en las de la propia ciudad que, aunque estos días casi no lo parezca, esconde mucho más.

1. Un par de mazazos

Fiesta en el Oktoberfest.
El que da su beneplácito a la primera jarra de cerveza es el presidente de Baviera, estado del que es capital Múnich. Y el que se la sirve, el propio alcalde de la ciudad tras asestar un par de mazazos al barril inaugural de la fiesta. Y a partir de ahí, comienza un no parar de desfiles de trajes tradicionales, ferias culinarias, atracciones, bandas de música, concursos de tiro al arco… y lo que se tercie. La sede del invento es la explanada de Santa Teresa o Theresienwiese (Wiesn). La entrada es gratuita pero, una vez allí, los precios no bajan de entre 8,70 y 9,20 euros la jarra de litro. Por si acaso, los domingos están destinados a las visitas en familia, con descuento incluido.

2. El origen de la leyenda

Para los más curiosos, el primer Oktoberfest se remonta a 1810, cuando se celebró la boda entre Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia bajo el lema bebida para todos. El festejo tuvo tanto éxito que, 201 años después, es toda una leyenda. Eso sí, la cerveza está sometida a la Ley de Pureza de 1516, que sólo permite producirla con cebada, agua, malta y lúpulo. Quien quiera adentrarse un poco más en la evolución de la fiesta puede participar en los recorridos guiados por Santa Teresa (se suelen montar sólo 16 gigantescas carpas), que se lleva a cabo en varios idiomas.

3. De picnic en el jardín

Clásico ‘jardín de la cerveza’.
El universo alcohólico de Múnich lo completan los clásicos jardines de cerveza (biergärten), terrazas al aire libre donde se suelen reunir propios y extraños en torno a un ancestral castaño (al menos, así lo marcaba la tradición…) para degustar su bebida preferida. La culpa la tuvieron los bodegueros, que decidieron despachar su producto directamente, sin intermediarios, con el consiguiente mosqueo de los taberneros. Éstos protestaron ante Luis I, quien despachó el problema permitiendo que las terrazas sirvieran bebida, pero no comida. De esta manera, los que quisieran acompañar sus jarras con algún tipo de vianda debían traerla de casa. Uno de los jardines más agradables es el de la Plaza del Mercado, con puestos de queso, carnes de caza, frutas exóticas, salchichas XXL o delicatessen para rematar el picnic.

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 4. Las Casas de la Cerveza

Quien no quiera pasarse por el Oktoberfest puede quedarse en las llamadas Casas de la Cerveza que salpican la ciudad. Se trata de enormes tabernas tradicionales bávaras dependientes de las distintas fábricas cerveceras de la zona. En algunas como la Hofbräuhaus de la calle Platzl caben hasta 300.000 personas acodadas en larguíiiisimas hileras de bancos de madera. Entre las favoritas de los muniqueses también figura Agustiner, en Neuhauserstrasse, en pleno centro. Lo suyo es acompañar la bebida con más que generosos codillos o salchichas de la casa siempre que a uno le apetezca desayunarlas, ya que no suele ser muy habitual pedirlas a partir de las 12 del mediodía.

5. Entre la virgen y el diablo

Marienplatz, epicentro de Múnich.
Hasta aquí el capítulo gastro-cervecero. Ahora toca sesión histórica, con la imponente plaza de Marienplatz como epicentro cultural, social y político de Múnich. Aquí, con la diminuta estatua color oro de la virgen en el centro, se celebran las manifestaciones por la crisis, las fiestas si gana el Bayern y el carnaval, al igual que antaño se ajusticiaba a los reos o se organizaban torneos de lo que tocase. También destacan el Ayuntamiento antiguo (y el nuevo) y la Frauenkirche, la catedral gótica de impactantes cúpulas verdes. Es el emblema de la ciudad y donde el mismísimo diablo dejó su «huella» en la puerta. Aun así, los muniqueses prefieren utilizar la Fuente del Pez como punto de encuentro.

6. La huella de Hitler

El 8 de noviembre de 1923, Adolf Hitler tomó la cervecería Bürgerbräukeller, en pleno centro, al grito de «La revolución nacional ha comenzado». Más de un curioso (o morboso) la busca hoy sin éxito. Sí puede llegar a la Odeonsplatz, siguiente parada del führer y donde los policías lograron pararle los pies matando a 16 de sus seguidores. Cuando 10 años después obtiene el poder, mandó enterrarlos en el edificio como si fuesen mártires. Por eso, todo el que pasaba por allí debía hacer el saludo nazi. Quien no quería debía dar la vuelta por la Viscardigasse, que pasó a ser conocida como el Callejón de los tramposos. Los recuerdos de aquella funesta época siguen en la actual Universidad de la Música, en Briennerstrasse, donde estaban las oficinas del partido nazi.

7. Mitos arquitectónicos

El mítico estadio Allianz Arena.
Las Olimpiadas de 1972 pusieron el foco sobre Múnich por el atentado contra varios atletas israelíes, pero también por el moderno complejo de formas picudas que sigue en pie, hoy convertido en centro de ocio. Se ve perfectamente desde la Torre de la Televisión. Y desde el deconstructivista Museo BMW. O lo que es lo mismo, una espectacular mole de 4.000 toneladas en forma de tornado que, milagrosamente, parece pender en el aire. Por su parte, los arquitectos Herzog & de Meuron firman edificios como Cinco patios, un pasaje comercial lleno de cafés con encanto, tiendas chic y galerías, o el Allianz Arena. Nota: este último se tiñe de rojo si juega el Bayern, de azul si lo hace el TSV 1860 München, el otro equipo local, y de blanco si viene la selección.

8.Efervescencia cultural

Una de las señas de identidad de Múnich es su efervescente vida cultural, traducida en 50 museos (el Brandhors, el Museo Judío, la Pinacoteca de la Modernidad…), 90 teatros (el Kammerspiele, el Alemán, la Ópera Estatal de Baviera…), 60 y tantos cines… No en vano, en el Teatro Nacional se estrenó la mayoría de las obras de Wagner. Y en la Residencia, morada oficial de los reyes de Baviera, se alterna arte renacentista, barroco, rococó y clásico. A la lista hay que añadir un imparable ascenso de editoriales, productoras de cine y empresas tecnológicas. Por eso, no extraña que la capital bávara se enorgullezca de tener uno de los índices de paro más bajos de Alemania. La huella alternativa sigue en los barrios de Glockenbach y Gärtnerplatz, llenos de galerías punteras, clubs de moda y restaurantes de última generación.

Fuente: Ocholeguas
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