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Published on Septiembre 28th, 2011 | by Visto en Forocoches

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Me voy de la agrupación de tráfico de la Guardia Civil

Me voy de la Agrupación de
Tráfico de la Guardia Civil

Un Guardia Civil de Tráfico nos hace llegar esta carta, con el ruego de su publicación. No hay nada que decir ni añadir. En nuestra opinión, después de leerla se entienden muchas cosas.

¿Por qué me marcho de la Agrupación de Tráfico?

El Antirradar, 7 de septiembre de 2011.

Si no lo sabe, ya se lo digo yo; un guardia civil de tráfico gana unos
250 euros más que un guardia civil del Servicio Rural. Es oportuno
señalar esta diferencia porque en los tiempos que corren es una
cantidad importante para lo que gana un guardia. Mientras que un
guardia de Rural puede acabar perdido en el último pueblo perdido de
nuestra piel de toro, un guardia de Tráfico tiene su base en una
población más o menos grande con todas las comodidades a su
alcance. Eso hoy.

Hace no tanto tiempo, mientras un compañero de Rural tenía un día
libre, en la Agrupación de Tráfico teníamos dos. En Rural el servicio
era prácticamente imposible de conocer de un día para otro y en la
Agrupación podíamos planificar nuestra vida al menos con una
semana de antelación. En Rural tenían uniformidad con cuentagotas y
en Tráfico no faltaban camisas, abrigos, botas… Siempre lo mejor de
lo mejor. En Rural iban andando, restricción de combustible obliga,
mientras que en Tráfico recorríamos la carretera a placer. Eran los
tiempos en que llegar a Tráfico era un camino difícil. Pocos cursos y
cientos de solicitantes, había tortas para ingresar en la Agrupación.

Hoy, después de muchos años, estoy decidido; me marcho de la
Agrupación de Tráfico. Muchos de mis compañeros lo intentarán
conmigo. Algunos tal vez lo consigamos; si no es así, volveremos a
intentarlo en cuanto tengamos ocasión. Es un chorreo continuo, que
hace que la Agrupación de Tráfico, poco a poco, se esté quedando sin
efectivos. Porque las bajas se amortizan, es decir, no se cubren las
vacantes. Quiero recordar aquellas páginas de la revista Interviú, al
poco de entrar Pere Navarro al frente de la DGT, en las que se
informaba de que el nuevo director general había encargado un
estudio para eliminar la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y
sustituirla por una nueva policía de carreteras, al estilo de lo que se
hace en Italia.

Sigue leyendo pulsando en Read More.

El que lea esto seguramente no entenderá nada; tampoco lo
entienden mis amigos ni lo entiende mi familia. ¿Por qué marcharse
de un sitio en el que el sueldo es mayor y el material y los medios
son mejores? Pues para dormir tranquilo, principalmente.

Vivimos una Agrupación desprestigiada por su propia Dirección
General, sin rumbo, al servicio del poder y nunca del pueblo.
Abandonada a su suerte y dando la cara ante unos ciudadanos
reventados y hartos de sostener con su bolsillo los desmanes de este
Gobierno inepto. Agazapados en las cunetas, con las botas
manchadas de barro y grasa y cada día con menos honor. Si, honor.
Alguno se reirá, pero el honor es lo que defiende el uniforme de la
Guardia Civil.

Cada una de nuestras buenas acciones acaban por los suelos por
ocurrencias del señor que dirige la DGT. Cada momento de gloria de
esta Agrupación acaba hecho añicos por cada guardia escondido
detrás de un matorral operando un radar. Es intolerable, un insulto al
Cuerpo ¿Cuándo ha tenido que esconderse la guardia civil? Hablo de
lo que vemos últimamente, no un coche con radar parado en la
mediana más o menos oculto, no. Hablo de verdaderos malabares
para esconder el coche o los trípodes, llegando hasta disfrazarlos de
arbustos como hemos visto con vergüenza ajena en fotografías en
algunos periódicos. De las miserias internas de la prestación del
servicio no quiero ni hablar.

La mujer del rey no sólo ha de ser honesta, también parecerlo. La
guardia civil necesita urgentemente alguien que se encargue del
“marketing”, del “community” o como demonios se llame ahora. De
que la guardia civil parezca lo que es y no lo que la hacen parecer. Y
marketing no es un reportaje de vez en cuando en la tele mostrando
los mejores coches y motos y el helicóptero con radar. Marketing no
es sacar al teniente más guerrero a mostrar a todos los españoles
que viene el coco. Marketing es hablar con el conductor, ayudarle con
su ruta, auxiliarle en una avería mecánica. Marketing es boca a boca.
¿No se dan cuenta los mandos de esta agrupación que nos están
usando para promocionar la persecución, de que nos hacen cómplices
de su infame política de criminalización del conductor? No, para
nosotros el conductor no es un criminal. En el 99% de los casos, es
una persona que va de aquí para allá con precaución.

Hace años que no veo un reportaje de auxilio. Sólo veo cómo el
nuevo radar fotografía a un infractor, el helicóptero sigue a un veloz
automóvil, o cómo el teniente de Madrid para a los conductores para
realizar la prueba de alcoholemia. Palo, palo y más palo. Eso es lo
que vendemos, o mejor, lo que la DGT quiere que vendamos. ¿Para
cuándo el reportaje de la agrupación de tráfico escoltando a una

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ambulancia, ayudando con la camilla, visitando al herido en el
hospital o llevando a su dueño los efectos personales perdidos en un
accidente? Tal vez al señor director general esto no le interese, no
parece importante que España sepa que esta, entre otras, es nuestra
tarea. O peor, tal vez no se ha enterado de la verdadera función de la
Agrupación de Tráfico de la Guardia civil y por eso hace el uso que
hace de ella.

Los recortes que este Gobierno ha llevado a cabo en los salarios de
los funcionarios no se han quedado sólo en el sueldo base; han
llegado a productividades, recortes de horas y todo lo imaginable que
tenga un coste económico. Parches y más parches cuando el mal ya
estaba hecho. Es tal la chapuza que en un destacamento de quince
guardias, puede haber diferencias de sueldo de más de 200 euros. Y
si entramos a hablar de la diferencia de servicios, mientras un
guardia realiza, por ejemplo, tres noches, otro puede hacer cinco y
otro siete. Un guardia puede hacer tres fines de semana, otro dos y
otro ninguno. El descontrol y la discrecionalidad de los mandos es la
constante de la Agrupación.

Este mes García, un compañero, no percibirá la productividad. Ha
tenido la “mala suerte” de no poder detener a nadie porque no ha
encontrado a nadie borracho a quien detener. Hizo varios miles de
kilómetros durante sus servicios, denunció diversas infracciones,
asistió un par de accidentes e incluso escoltó un transporte especial.
Por desgracia ningún borracho o conductor sin carné. Benítez y Blas
(otros dos compañeros) sí toparon con uno. Resultado: la
productividad esta vez no le llega a García. La cara de García es un
poema… No es que Benítez y Blas no la merezcan, es que García
también. En los destacamentos de toda España hay demasiados
García.

Y aquí está un “García”, que no ha recibido nunca una productividad
mientras algunos de sus compañeros lo hacían mes si y mes no. Aquí
tienen a un espectador que ve en la tele siempre los mismos
reportajes y ya le aburren. Aquí un guardia de Tráfico cansado de
mandos incapaces que sólo saben berrear y no asumir nunca jamás
sus responsabilidades, harto de no saber qué servicio tendrá mañana
aunque las normas obliguen a conocerlo con anterioridad,
avergonzado de pisar carreteras en estado tercermundista y echar la
culpa de cualquier diligencia a la velocidad inadecuada, asqueado de
ver a compañeros saltando como conejos a la carrera para no ser
atropellados porque nos han puesto en un control de alcoholemia en
un tramo sin luz ni visibilidad. Verdaderamente hastiado de las
presiones. Y sí, que se me llame débil de carácter si se quiere, de que
todo el mundo a mi alrededor me considere un bandolero y me repita
lo bien que lo hacía la guardia civil antes y que ahora somos
impresentables y sólo atracamos a los conductores.

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En estos últimos años no puedo recordar una sola instrucción o
medida de la DGT encaminada a favorecer la relación con el
ciudadano o a prevenir accidentes. Todo ha sido medidas represivas
para mantener al conductor firme. No cabe duda que lo han
conseguido, aunque para ello hayan tirado todo el prestigio de la
guardia civil de Tráfico a la basura. La gente conduce literalmente
acojonada, agarrotada, y yo mismo he sido testigo de demasiadas
situaciones de riesgo generadas por esa sensación del conductor de
ser metido en la cárcel por salir a pasar el fin de semana con la
familia.

Cuando se realiza un trabajo, el que sea, son muchos los factores que
hacen que la persona lo realice de modo eficaz y correcto. Uno de
ellos es la motivación. Si el trabajo es vocacional, como este, ese
factor es si cabe, mucho más importante. Para cumplir y hacer
cumplir la Ley, hay que creer en ella. Se puede dudar, pero esas
dudas no han de dejar nunca paso a la desgana y el desánimo, pero
cuando el objetivo que se persigue no es el cumplimiento de la Ley,
sino el engorde de las raquíticas arcas del Estado. Cuando no se trata
de las vidas que se salvan, sino del impacto económico que esas
víctimas causan y cuando ha dejado de ser una cuestión real de
moralidad para pasar a ser una carrera de números para cumplir
criterios estadísticos, este servidor suyo, ha dejado de creer en nada.

He cometido el terrible error de empezar a leer determinados blogs y
artículos y empezar a cuestionarme ciertos dogmas de fe. He
cometido el error más terrible todavía, de no creer en esos artículos y
buscar yo mismo esa información y contrastarla y he cometido el
error supremo de empecinarme en encontrarla. Y la he encontrado,
vaya si lo he hecho.

Señor Director General de tráfico. Espero decirle pronto que ya no
será usted mi superior, me marcho. Sepa usted que para mí y para la
mayoría de mis compañeros ha sido sin ningún género de duda el
peor director general que ha pasado por Tráfico, por mucho que se
vanaglorie usted de los éxitos cosechados. Medite el modo en que los
ha logrado y medite más aún cuánto de cierto hay en ellos. Piense en
cómo encontró la Agrupación y cómo la deja. Nunca le gustamos
demasiado, también es cierto. Valore cuantas veces ha faltado a la
verdad disfrazando la realidad.

Señores mandos de la Agrupación. Son ustedes oficiales de la
Guardia Civil, ¡Por el amor de Dios! Digan basta de una vez a esto y
preocúpense por sus guardias, sometidos por sus jefes de
Destacamento y Subsector en algunos casos hasta el agobio. Bajen a
la tierra y escuchen sus necesidades que no siempre son salariales.

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Lo dicho, me marcho. Nos marchamos muchos. Nadie nos echará de
menos porque ya se han encargado desde el Gobierno de eliminar
casi 2.000 agentes de Tráfico, así que pensándolo bien hasta les
hacemos un favor.

Quizás no sea un adiós sino un hasta luego. Hasta que vengan
mejores tiempos, hasta que la vida personal se pueda compaginar
con la laboral, hasta que no se nos pida tener el don de la ubicuidad,
hasta que el director general de Tráfico se haya marchado a su casa y
no tengamos que cargar y llevar a la práctica sus ocurrencias de fin
de semana. Hasta que venga un director general que escuche a los
que saben de seguridad vial y que se preocupe de lo que importa y
no de salir en la tele todos los días. De que las víctimas desciendan
de verdad y no debido a creativos juegos de contabilidad estadística.
Hasta que el reconocimiento de que las vidas que se salvan recaiga
en sus verdaderos salvadores. Médicos, enfermeros, bomberos,
protección civil, investigadores médicos, el Señor Audi, la señora
Mercedes, etcétera. Y a la postre, estos humildes guardias de Tráfico.
Porque si es por el cochino carné por puntos, decomiso de coches y
demás absurdas zarandajas, estábamos apañados.

Un Guardia Civil

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