Curiosidades no image

Published on Septiembre 7th, 2012 | by Visto en Forocoches

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El aeropuerto de los Rodeos – El fantasma de la niña de la garita (Tenerife)

El aeropuerto de los rodeos, está situado en el norte de la isla de Tenerife. Fué construido en los años 20 apetición de una empresa holandesa de vuelos internacionales.

Pero éste aeropuerto, es conocido por el gran accidente, ocurrido el 27 de marzo de 1977, donde dos aviones chocaron al cruzarse en la pista, cuando uno de ellos comenzaba a despegar y el otro aparato se preparaba para hacer la misma operación. En éste accidente se contabilizaron más de 580 cadáveres.

Semanas depués del accidente, en el aeropuerto de los Rodeos, muchos operarios han sido testigos de cosas extrañas, como voces, lamentos, llantos. Pero lo más inpactante, es el misterio de la niña que ronda por el aeropuerto. Según dicén, al identificar todos los cadaveres, faltaba una niña, que nunca se encontro el cuerpo.

Varios testigos han relatado su experiencias paranormal en ese aeropuerta y con esa niña.

Uno de los testigos era un militar que se encontraba una noche de vigilancia en una garita. Sobre las tres de la madrugada, derrepente se cruza delante suyo, un niña. Estaba a unos 15 metros. “Recuerdo que tenía el cabello oscuro y la piel pálida, aunque con un cierto brillo. Además, portaba un camioncito de juguete” relata el hombre. Cruzó de izquierda a derecha y se perdió. La observación duró unos 15 o 20 segundos. Nuestro protagonista se quedó un tiempo de reaccionar y pensó “¿qué demonios hacía un niño de 5 años a aquellas horas por allí?”. Por la zona no hay viviendas cercanas. El soldado empezó a notar cierta ansiedad. Abandonó su puesto en la garita junto a su arma reglamentaria. Se llegó a alejar de su puesto unos cien metros en busca del niño. No vió ni rastro. Volvió a la garita, con un gran malestar y llamó a través del teléfono al puesto de guardia. Al momento se personó en la garita un Land Rover con un cabo y dos soldados. Al entrar en el puesto de vigilancia se encontraron a nuestro testigo en el suelo, víctima de una lipotimia. El cabo se asustó al ver el rostro descompuesto del muchacho. Al día siguiente, el soldado es llamado para reunirse en un despacho de esta base militar con un alto mando para dar parte de lo ocurrido, resolvieron que debía tomar vacaciones sin hablar con nadie de lo ocurrido.

Otro testigo, en Marzo de 2004, estando de instrucción nocturna. Eran las dos y media de la mañana. Uno de los compañeros que se encontraba a unos 200 metros del resto del grupo, llegó corriendo y diciendo. “¡He visto una niña, he visto una niña!”. La describía como de unos siete años, con melena oscura y unos intensos ojos azules. Enseguida hicieron una batida para buscar a la pequeña pero no encontraron nada de nada.

Otro de los testigos de este misterio es un teniente que salió a hacer ejercicio físico por los alrededores de la base, aprovechando la carretera que va paralela a la pista, al pasar por los hangares, puedo ver claramente a una niña, con la cabeza hacia abajo y sin piernas, desplazarse sin tocar el suelo.

AMPLIANDO INFORMACION.

LA NIÑA DE LA GARITA

Desde hace ya muchos años, quizás arrastrados por leyendas que nos llegan desde otros puntos del planeta, quizás condicionados por lo ocurrido en la pista del aeropuerto en marzo de 1977, algunos son los testimonios recogidos de personas que afirman con total rotundidad y asombro, que han visto a la que se conoce como la niña de la garita.

Aquí estoy en el interior de una garita
Se le da este nombre precisamente porque en uno de los márgenes de la pista del aeropuerto, existe un acuartelamiento militar que al igual que el resto de bases militares, está vigilado en todo su perímetro por diferentes puestos de observación y guardia, también denominados garitas.

Precisamente la leyenda de la niña de la garita surge en torno a uno de estos puestos de vigilancia (garita sur), el que está más alejado del núcleo edificable del acuartelamiento y donde algunos militares afirman haber visto la figura de una nila que a modo errante vaga por ese lugar.

DESCRIPCIÓN:

Según la versión de los testigos, la fisionomía o aspecto de la supuesta niña puede variar, pero el denominador común es que se trata de una muchacha de corta edad (6 ó 7 años) y baja estatura, ojos claros y pelo color oscuro que se aparece cruzando los alrededores de la garita con aspecto desolador, ropa algo rota y sin las extremidades inferiores.

Un testigo incluso hablan de que la niña ha llegado a dirigir su mirada hacia él con expresión desconcertante al tiempo que se desvanecía entre los arbustos cercanos.

Testimonios

24 de Febrero de 1999.

En la redacción de la emisora de radio en la que trabajaba en esos días, recibo una llamada de un joven militar Cabo Primero de graduación que asegura ser oyente de mi programa desde hace tiempo y que tenía que contarme algunas cosas que están ocurriendo en la base militar de Los Rodeos, situada justo al otro lado de la pista del aeropuerto, frente a la Terminal.
Desde un principio tomé enserio aquella llamada porque la verdad es que ya en mi época de militar pude escuchar algunos relatos inquietantes relacionados con los alrededores de esas instalaciones militares.
Concertamos una cita para 2 días después, el 26 de febrero nos encontramos en una cafetería a eso de las 11:20 de la mañana y de la extensa conversación que mantuvimos, extraigo el siguiente párrafo:

Juanca: ¿Cuéntame, desde cuando estás destinado en la base de Los Rodeos?

J.I.G. (Cabo Primero): Hace más o menos unos 3 años.

Juanca: ¿Exactamente que es lo que has visto en los alrededores de la base?

J.I.G. (Cabo Primero): Pues tengo que decirte que no solo soy yo quien dice haber visto a esa niña pasear alrededor de la garita durante la noche. Algunos de mis compañeros la han visto, una niña pequeña con la ropa rota y de piel blanca, muy blanca.

Juanca: A ver, hablas de una niña pequeña, ¿decía algo?, ¿emitía algún quejido?

J.I.G. (Cabo Primero): No, la verdad es que no. todo pasó muy rápido.

Juanca: ¿cuantas veces la has llegado a ver?

J.I.G. (Cabo Primero): Yo solo las he visto una vez. La ví como borrosa. Iba mirando al suelo mientras se arrastraba. Bueno no es que se arrastrara exactamente, era como si flotara o algo así. ¡Buff!, un rollo extrañísimo. Yo di un alto pero se “borró del aire de repente”.

Juanca: ¿Diste parte a tus superiores de lo ocurrido?

J.I.G. (Cabo Primero): Llamé por radio al sargento de guardia. Me dijo que no valía la pena informar de nada porque nos harían llenar papeles y tendríamos que aguantar el cachondeo de los demás. Que esas son historias que otros cuentan y nadie se las cree.

Aquella conversación fue distendida y condicionada por la petición (lógica) de mantener su anonimato. Lo que este militar me contó me puso en la pista de otra persona, un teniente de artillería antiaérea.

5 de agosto de 1999.

P.A.B., Teniente del ejército, fue muy amable al recibirme en su propia casa. Desde un principio me llamó la atención como un militar de alta graduación admitía con firmeza el haber presenciado en una ocasión lo que él califica como “un hecho insólito”. A continuación hago un breve extracto de aquella breve pero directa conversación:

Juanca: ¿Qué ocurrió exactamente aquella noche del 5 de septiembre de 1998?

P.A.B. (Teniente): A mí como a otros oficiales de la base, me gusta salir a realizar ejercicios físicos en los alrededores de la base, aprovechando la larga recta de la carretera paralela a las pistas del aeropuerto. Justo cuando llegué al recodo que hay pasando los angares del GAAAL (grupo de Artillería Antiaérea Ligara), vi con total claridad una niña con la cabeza inclinada hacia abajo y sin piernas desplazarse sin tocar el suelo.

Plano aéreo de localización de la zona. Se puede observar como las instalaciones del aeropuerto y las de la base militar están unidas.

Te juro por Dios que aquello lo recuerdo como si estuviese pasando ahora mismo. Seguidamente cogí una piedra y la lancé sin fuerzas a una zona próxima al lugar donde aquella niña se desvaneció muy rápido.
Nunca lo conté de forma oficial porque estas no son cosas que nadie tome enserio, pero puedo jurar y perjurar que aquella niña estaba allí.

Juanca: ¿Durante cuanto tiempo pudo ver a aquella niña?

P.A.B. (Teniente): Más o menos durante unos 8 ó 9 segundos. Al día siguiente por la mañana, con las primeras luces del día, fui a mirar aquella zona pero nada de nada. Me lo guardé para mí, mis amigos y mi esposa.

LOS PASAJEROS ERRANTES

Para mi, el siguiente testimonio es al que más valor le doy por la sencillez del interlocultor, porque proviene de un hombre sencillo, analfabeto y gran trabajador.

Don Ignacio falleció hace ahora año y medio, y hasta ese mismo momento, continuaba afirmando lo que ahora les muestro:

22 de Noviembre de 2003.

Don Ignacio Roger con 79 años de edad, un agricultor de la zona conocida como el Coromoto que lleva más de 35 años recogiendo hierba para sus vacas en las laderas de las pistas del aeropuerto. Sentados él, su hijo José Luís y yo, justo en ese lugar, recogí un documento revelador y cuando menos inquietante sobretodo teniendo en cuenta que el señor Ignacio no conocía ningún concepto parapsicológico en el momento de la entrevista, lo que para mi opinión da aún más credibilidad si cabe a su testimonio.

El barrio lagunero de El Coromoto, fue escenario de primera fila la tarde del accidente entre los dos Jumbos por estar situado justo a pocos metros de las pistas del aeropuerto.

Vista aérea donde se aprecia la corta distancia entre el punto del accidente y el lugar donde el testigo afirma ver al grupo de personas vagando por la pista.
Juanca: Cuénteme don Ignacio, ¿Cómo era el aeropuerto en aquella época?

D. Ignacio: Pues en aquella época no había vallas para cerrar las pistas. Todos entrábamos hasta arriba para recoger la hierba y cuando los aviones llegaban y salían nos poníamos los dedos en las orejas o abríamos del todo la boca para que el ruido no nos dejara sordos. Yo me acuerdo de estar cogiendo “pasote” en la parte alta y muchas veces los pasajeros por las ventanillas me decían adiós. Yo los veía como te veo ahora a ti (echa una carcajada).

Juanca: ¿Dónde estaba usted aquella tarde del accidente?

D. Ignacio: pues en las laderas esas que ves ahí (señala a las laderas que bajan desde las pistas, a unos 40 metros de éstas).

Juanca: ¿Cómo vivió aquellos primeros minutos?

D. Ignacio: ¡Uff!, fue muy duro todo aquello. Según sentimos el bombazo aquel, nos echamos a correr para abajo pero con la niebla no se veía mucho. Yo sentí como detrás de mi cayó algo que casi me golpea. Después supuse que había sido el cuerpo de alguna perosna o algún pedazo de los aviones.
Aquello no se olvidará nunca en la vida, aquel humo negro con olor a la gasolina esa de los aviones (queroseno), el olor a carne quemada y los restos de personas “lloviendo” en las azoteas de las casas. Estuvimos llorando muchos días por el recuerdo de aquella pobre gente.

Juanca: ¿Cuándo regresó usted a recoger hierba a las pistas?

D. Ignacio: Nooooo, yo allí no volví porque lo prohibieron y después pusieron las vallas para que no entrara nadie, aunque un sobrino mío sabe meterse por unos agujeros que hay ahí más arriba.

Juanca: Cuénteme que es lo que ha visto usted desde la azotea de su casa.

D. Ignacio: ¿A cuando te refieres?

Juanca: A lo que usted ha visto en estos últimos años.

D. Ignacio: Ahh, pues no son pocas veces en las que yo he visto a gente asomarse en lo alto de la ladera, junto a las pistas y mirar para aquí abajo. Algunas veces levantan los brazos.

Recreación de los avistamientos narrados por el testigo.
Juanca: ¿Pero esa gente dice alguna cosa?

D. Ignacio: Pues la verdad es que no les oigo decir nada. Ellos están ahí y luego desaparecen de golpe.
Una vez unos niños salieron corriendo uno detrás de otro y de repente desaparecieron y aparecieron otra vez donde estaban al principio.

Juanca: ¿Habla usted como si estuviese acostumbrado a eso?

D. Ignacio: A eso no se acostumbra nadie muchacho, esas pobres personas están ahí porque no han podido encontrar la paz.

Juanca: ¿Cree usted que son “personas” de aquel trágico accidente?

D. Ignacio: Seguro que si. Mi esposa, en paz descase, les ponía velas para que su alma descansara en paz el día de todos los difuntos. Ella me decía que esa gente solo quiere regresar a su casa. ¡¡A los difuntos hay que dejarles descansar en paz!!

Juanca: ¿Cuándo fue la última vez que les vio?

D. Ignacio: Pues hace ya más de 3 ó 4 meses que no salen por ahí.


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