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Published on Febrero 3rd, 2013 | by Visto en Forocoches

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Ayer fui a comprar el Hipercor, y cuando llego a la caja…

…me encuentro a una compañera de clase de la facultad trabajando de cajera.

Nunca tuve mucha relación con ella. A pesar de vivir en el mismo barrio rara vez coincidíamos en el tren, además la conocí el último cuatrimestre y la verdad es que yo ya tenía gente con la que juntarme, así que tampoco era la típica persona con la que quedas para estudiar o te vas al bar entre clase y clase.

El caso es que la ví, y sólo se me ocurrió una frase. Al principio me pareció ingeniosa, aunque ahora me planteo si me podría haber callado la boca.

El caso es que en cuanto me conoció le solté: “Hazte ingeniero, decían… Tendrás trabajo, decían…”

Yo sabía que no se iba a reir, de hecho, no contaba con ello. Aunque la cara que puso dijo mucho más de lo que hubiera podido esperar. La vi derrotada, cansada, hastiada de todo. Vi como en sus ojos se reflejaba la desesperación por la situacion, mientras de fondo brillaba la tranquilidad de tener un trabajo y embolsarse su sueldo a final de mes… Los dos sabíamos que no nos esperaba una vida de lujo y comodidades una vez titulados, pero su rostro reflejaba la decepción con la que había salido de la universidad, como el que alquila un piso recién reformado y al mes se le descorchan todas las paredes.

En ese momento vi que no todo el mundo tenía mi suerte. Yo puedo permitirme un lujo que no todo el mundo puede, el lujo de ser optimista. Yo tenía la suerte y el lujo de tener un puesto de responsabilidad esperándome pacientemente a que terminara la carrera, mientras hacía mis pinitos en las escalas inferiores de la misma empresa familiar a la vez que estudiaba.

Hoy tengo la suerte de tener experiencia y mando a mi corta edad, pero no es ni de lejos comprable con la suerte de tener un trabajo, y una estabilidad y amplitud económica con la que no podría ni haber soñado en otros sectores de la industria privada.

También arrastro la maldición de trabajar para una empresa familiar, que para quien no lo haya hecho nunca, significa miles de sacrificios de tu vida privada, de tu disponibilidad horaria, de horas de sueño… Tengo el mal fario de trabajar en un ambiente dónde dar el 150% de lo que se espera de mi nunca es suficiente, y eso también cuenta. También he de decir, que el mismo ambiente que me exprime, me permite tomarme las licencias necesarias para ignorar a iguales y superiores, cuando decido que ha llegado el momento de que me dejen trabajar tranquilo.

Si ayer aprendí algo yendo a comprar, es que no todo el mundo puede permitirse el lujo del optimismo, y que a veces mi tranquilidad y mi falta de preocupación ante la crisis puede ofender a más de uno. No voy a aceptar nunca que sea culpa mía, yo no tengo la culpa ser optimista, ni de poder permitírmelo… Pero si he de sacar algo de todo esto, me quedo con que nada sale gratis, y que lo que yo tengo ahora viene de muchos sacrificios anteriores, y que mi responsabilidad en la vida desde hace un año es ocuparme de la siguiente generación haya aún más gente dando gracias por encontrarse en la situación en la que yo estoy ahora.

No pido perdón por el tocho

RESUMEN: Me encuentro a una compañera de la facultad trabajando de cajera y me doy cuenta de la suerte que tengo de tener un pene reglamentario forocochero.

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